
No sé si el actual equipo de Gobierno con su alcaldesa al frente tampoco se sentía cómodo con la ciudad futurista de Scott, pero su apuesta de peatonalizar la calle Bernabé Soriano es cuando menos, valiente y coherente. Jaén ahora más parece la periferia de Mexico D. F. que una pequeña ciudad europea con más de veinte siglos de historia. Y es una decisión valiente no por el hecho de peatonalizar el entorno de la Catedral (algo que se le ha hurtado a los jienense durante décadas) sino por hacer transitable el emblema de la modernidad jienense.
Cuando Eiffel proyectó su gigantesca torre en París, la mitad de la sociedad parisina se mostró en contra de semejante barbaridad. Como quiera que nosotros no somos París y que la torre que ahora nos ocupa no es más que una calle a la que se va a quitar alquitrán y se le va a colocar adoquines, los detractores también deberían haber sido menos contundentes que los parisinos de principios del siglo XX. Sin embargo, Jaén siempre ha estado a la cabeza mundial en conservadurismo e inmovilismo; en mentes obtusas que no son capaces de ver más allá del día siguiente o como mucho del fin de semana mientras llenan sus barrigas (difícilmente cabría algo en sus prietos sesos). Ellos, los mismos que ahora increpan a trabajadores de otros países en La Carrera, pasearán mañana por Bernabé Soriano con sus mejores galas, luciendo radiantes sus collares y pulseras y jactándose de que “esto es lo que necesitaba la ciudad”. Ya lo verán.