Solo depende de nosotros


La historia reciente de esta ciudad solo ha tenido dos grandes inversiones multimillonarias que se distancia de la mediocre rutina inversora de las administraciones. La primera fue principalmente en el mandato de Miguel Sánchez de Alcázar y supuso el cambio de toda la red de abastecimientos de agua de una capital que sufría continuos cortes y que perdía en su obsoleta acometida millones de metros cúbicos al año. La segunda, con Carmen Peñalver como alcaldesa en coalición con la Izquierda Unida de José Luis Cano, fue el tranvía de Jaén, en el momento más álgido del reinado Chaves-Zarrías en Andalucía y con los tranvías y metros como punta de flecha del cambio de modelos de transporte metropolitano, ligado al eterno hervidero de Santana en Linares. Fueron 120 millones de euros los que se invirtieron en un tiempo récord (sobre todo para la capital jienense) en un sistema tranviario de 4’7 kilómetros de recorrido y diez paradas que vertebran Jaén desde el centro (Paseo de la Estación) hasta las afueras del Polígono de los Olivares.

Si la oportunidad de la obra (con demandas muy necesarias y eternas como la Ciudad Sanitaria y la Ciudad de la Justicia) y si el trazado era el más adecuado o no es ya tan irrelevante como el desprecio hacia los vecinos de Jaén de los políticos que están protagonizando que Jaén siga sin tranvía. Fue en este periódico, VIVA JAÉN, donde el alcalde, José Enrique Fernández de Moya, dijo que nunca se montaría en el tranvía, una frase que con el paso de los años servirá para definir una etapa sombría de la historia de esta ciudad con dos administraciones, principalmente, Ayuntamiento de Jaén y Junta de Andalucía, entregadas única y exclusivamente al beneficio y la rentabilidad política de sus partidos, Partido Popular y PSOE, respectivamente. No hay una ciudad en España que escenifique mejor el odio que se profesan los dos partidos mayoritarios, las dos Españas eternas que han lastrado históricamente el progreso de este país. 

El alcalde de Jaén no ha querido poner en marcha el tranvía. Lleva el sello del PSOE. Lo paró en su día en los tribunales con la complicidad de Castillo, que tiene sumida a la capital en lo más parecido al tercermundismo en transporte urbano. No informó de forma íntegra sobre el estudio que Ferrocarriles de Cataluña elaboró sobre los costes e ingresos y ahuyentó la única posibilidad que hasta el momento había tenido el tranvía de echar a andar dejando claro que el Ayuntamiento no pondría un solo euro. La ruina municipal es la que es. Y las prioridades del PP para gastar el dinero de los jienenses son las que todos conocemos y no hablamos ni de servicios sociales ni de la dichosa ‘micropolítica’. Lógicamente, desde esta premisa, difícilmente se podía estudiar algún tipo de Unión Temporal de Empresas (UTE) que gestionara el tranvía.  

A su vez, el papel de la Junta de Andalucía y de la Consejería de Fomento, gobernada por Izquierda Unida, adalid del transporte sostenible  y de modelos de ciudad más amables con el medio ambiente y los peatones, no solo es reprochable, sino irrespetuoso con los jienenses. El arreglo de las múltiples deficiencias con las que el tranvía se entregó al Ayuntamiento de Peñalver, aún sin finalizar y con la garantía ya cumplida, duró casi igual que la obra en sí, forzando a Ferrocarriles de Cataluña a emitir su informe y propuesta antes de ver subsanadas todas las deficiencias. Después, anunciaron que elaborarían un informe de viabilidad que nunca llegó a hacerse, si bien, durante meses dijeron a los medios que se estaba trabajando en él. No era así. Un nuevo engaño para las anchas tragaderas de los jienenses. 

Más tarde que pronto Jaén verá circular su tranvía y su rentabilidad dependerá de la importancia que quienes gobiernen le den a ofrecer a los ciudadanos un transporte digno, como el que disfrutan otras ciudades. Dependerá de si a los cargos electos o designados les preocupe más el tranvía que su futuro político, el de su partido y el de las barrigas de sus palmeros. 

Pero en última instancia, dependerá exclusivamente de los jienenses y de cuánto tiempo más estemos dispuestos a que, unos y otros, nos traten con tanto desprecio.

Usureros


Desgraciadamente el refranero español no es tan sabio en ocasiones como quisiéramos el común de los mortales. Lo digo porque no siempre se cumple aquello de que “A cada cerdo le llega su San Martín”. A veces los cerdos escapan a la popular matanza y dejan sin sus buenas carnes a los comensales, demasiado acostumbrados desde hace unos años a vivir de las migajas que dejan los patrones de toda la vida, que no son más que monas vestidas de seda, de mucha seda.

En esta ocasión me refiero a la Banca, en todas sus manifestaciones de usura legalmente tipificadas. Desde los ‘botines’ de este país hasta sus directores de sucursales, que muchas veces tienen en sus manos no echar sal en las heridas de quienes llevan recibiendo latigazos siete años ya.

Lo digo, repito, porque recientemente vi cómo humillaban a un cliente a la fuerza del Banco de Santander en la sucursal de Arquitecto Berges de la capital. Fulanico de tal, pongamos que se llamaba, al parecer, tenía solo 80 euros de ingresos mensuales. No sé de qué, pero eran todos los movimientos que tenía en su cuenta según recriminó a la obtusa e insensible dependienta de la entidad. Vale que el cliente perdió los nervios y grito todo cuanto pudo, pero si no hubiésemos sido educados por nuestros padres (al menos yo por los míos) hace tiempo que hubiéramos empezado a rebanar cuellos de miserables con cuchillos jamoneros, que es como se corta bien las extremidades de los cerdos. Al parecer, al cliente, que sacaba sus 80 euros cada mes cuando los cobraba, porque era el único dinero del que disponía, tras haber perdido todos los subsidios y ayudas, le habían cobrado unos 13 euros de comisión de mantenimiento de su cuenta (todas las cifras son aproximadas). Como quiera que no tenía dinero en ella, pasados unos días, le habían cobrado otra comisión de 38 euros más, por impago de la primera cantidad. Es decir, que cuando el cliente acudió a la entidad tenía la cuenta a unos menos 51 euros o así. Explicó su situación a la empleada y le solicitó que anulara la comisión de 38 euros, algo que se puede hacer, no lo olviden. Ni ella ni el director accedieron a pesar de ver la dramática situación del cliente. Después montó en cólera. Poco, no obstante, a mi parecer, porque en este país hay cosas que no vamos a recuperar con palabras, creánme. Solo espero, de corazón y con todo el rencor del que soy capaz de albergar, que la empleada, el director y todos aquellos que practican la usura en este país, sufran en sus carnes todo lo que están sufriendo miles de hombres, mujeres y familias. Usureros.

El museo del aceite en el Banco de España


Jaén, capital mundial del aceite de oliva” reza el monumento que da la bienvenida (o no) a los visitantes de la ciudad, que deben pensar: “deberíamos visitar el museo del aceite de la ciudad”. Incautos. Infelices. Jaén, capital mundial del aceite de oliva, no tiene museo del aceite de oliva. La provincia sí. Pero la capital mundial del aceite de oliva, no. Hay uno a unos veinte kilómetros, cerca de Mengíbar, en el Parque Tecnológico y Científico de Geolit (o no). Es el Museo Activo del Aceite de Oliva y la Sostenibilidad, que a veces visitan colegiales. Por la carretera de servicio, porque el Parque Tecnológico y Científico de Geolit (o no) ni siquiera tiene acceso por la autovía, porque se hizo en mitad de la nada por no traerlo a la capital. Cosas de los políticos, sus partidos y sus disputas, nada que nos tenga que preocupar a nosotros los ciudadanos. 

Proyectos ha habido muchos, quizá uno con cada corporación municipal, pero no, la capital mundial del aceite de oliva no tiene museo del aceite. Valdepeñas sí tiene Museo del Vino. Digo esto, porque ahora que se vuelve a buscar utilidad al edificio del Banco de España, podríamos pensar en ubicar en él un museo del aceite de oliva. El archivo municipal, sala de exposiciones, biblioteca y museo de aceite. Así tal vez comencemos a hacer honor al título de capital mundial de nuestra seña de identidad fuera de estas fronteras, sin menospreciar al monumento de entrada de la carretera de Córdoba.

Quienes piensen en lo descabellado de la idea no tienen más que dar una vuelta para descubrir lo descabellado de esta ciudad. ¡Señores!  No están las arcas de ninguna administración, con permiso de la Diputación Provincial de Jaén, para abanderar proyectos nuevos, pero se da la circunstancia de que existe un edificio emblemático en esta ciudad al que se le está buscando uso. Siéntense, lleguen a un acuerdo (¡uy, lo que he dicho!), trasladen las instalaciones y todo el contenido del Museo del Aceite de Oliva de Geolit y háganlo ‘Activo’ de verdad, en la capital mundial del aceite de oliva, que es Jaén, y después usen el actual edificio que ocupa en Geolit para la tecnología y la ciencia, porque traer todo Geolit a la capital, con accesos dignos e incluso un tranvía que algún día podría funcionar, ya, desgraciadamente, no es posible.

Más heridas que lamer en el futuro


Juan Manuel Moreno Bonilla.
Si tuvieran vergüenza política se irían tras el espectáculo dado en Andalucía. Que se vayan. Primero, la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, que ha perdido la batalla tratando de poner a José Luis Sanz, actual número dos del PP andaluz. La ha perdido contra Soraya Sáenz de Santamaría y Javier Arenas, sus enemigos. El segundo que debería irse es Arenas, que ha removido cielo y tierra en Andalucía para crearle un problema a Cospedal, rival declarada desde hace años y mostrar su debilidad a Rajoy, pasando por encima del actual presidente del PP-A, Juan Ignacio Zoido, que debería irse también por haber sido ninguneado por unos y otros y haber quedado peor que Cagancho en Ibros, que diría Antonio. 
No está tan unida la familia popular como pretende hacer creer. De hecho llevan años lamiéndose las heridas de las puñaladas traperas que se dan unos a otros. Y en todo este despropósito por la sucesión de Zoido, mientras unos y otros se peleaban por la presidencia del PP en Andalucía, aparece el alcalde de Jaén, presidente del PP provincial y senador, José Enrique Fernández de Moya, y como los niños revoltosos que se esconden debajo de las faldas de la mesa camilla (bajo peligro de quemarse) asoma la cabeza y empieza a preguntar que si hay algo para él, que ya no le gusta tanto eso de ser alcalde. Y durante meses no ha parado de repetir por todos los mentideros que es muy duro lo que está pasando al frente de un Ayuntamiento en la más absoluta ruina.

Finalmente, en este vodevil (en el que algunos han cantado más que otros), se impone el dedazo de Rajoy a favor del malagueño nacido en Barcelona hijo de emigrantes andaluces, Juan Manuel Moreno Bonilla, secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad, es decir, la apuesta de Santamaría. Y esta es la segunda vez que Moreno Bonilla le quita la presidencia a José Luis Sanz. La primera fue en Nuevas Generaciones. La historia se repite para desgracia del de Tomares, que debería presentar su candidatura nada más que por dignidad y por el derecho al pataleo. De lo contrario, José Luis Sanz debería  abandonar el PP, gobernar como independiente en Tomares y dejar de ser senador. Pero claro, no está la economía para tales dispendios, señorías.

¿Sólo a las maduras?

Da igual si se va o si no se va. Da igual que sea a Madrid, a Sevilla, a Filipinas en misión humanitaria o a pasar a limpio las obras del tranvía que diría el ácido Fuentes. Lo que importa es que el alcalde de Jaén, José Enrique Fernández de Moya, se quiere ir, según dicen los suyos. Andan de reuniones en el PP para determinar la cúpula en Andalucía. Zoido quiere a José Luis Sanz (que llevaría a Fernández de Moya de segundo), pero Rajoy no lo ve y le da vueltas a mandar a un ministro andaluz (Fátima Báñez, Arias Cañete o incluso Montoro y así afrontar una remodelación de su gobierno). Lo que parece claro es que el alcalde se va, o lo intenta, según rezuman todos los mentideros del PP de Jaén. Que finalmente se vaya no está en su mano, pero simplemente el hecho de que quiera dejar el sillón a su pupilo Miguel Contreras, ya podría considerarse un desaire para los jienenses, para quienes le votaron como el alcalde con más respaldo de la democracia. 

Lejos quedaron las noches de desvelo cuando intentaba que Javier Arenas quitara a Miguel Sánchez de Alcázar de alcalde para ponerlo a él y así lanzarlo como candidato. Lejos están ya los intentos de ser el cabeza de lista para las municipales de 2007, cuando Rajoy dijo que no. Lejos queda también aquello de los ocho años de gobierno. Hace tiempo que el alcalde dicen que quiere volar, porque no le gustan las duras y las maduras hace tiempo que no se ven por el Ayuntamiento de Jaén. Tras más de dos años de gobierno, Fernández de Moya mira más a su futuro lejos de la Alcaldía que a los problemas de la ciudad. No quiere ser quien despida a los trabajadores del Ayuntamiento (le honra no haberlo hecho), a pesar de que, según recoge el plan de ajuste elaborado para el Ministerio de Hacienda de su colega Montoro, el “1 de enero de 2011 el número de trabajadores era de 909 y el 1 de septiembre de 2013 era de 830”. Han salido por la puerta de atrás y sin hacer ruido 79 empleados, por jubilación o  por vencimientos de contratos. Y vienen más duras todavía, porque ese plan de ajuste recoge en su medida undécima que no se ejecutará “la inversión prevista inicialmente”, la de los presupuestos, y que no habrá inversiones “con cargo a fondos propios”. Es decir, que el Ayuntamiento no invertirá un euro en la ciudad en los próximos años y tendrán que ser otros quienes lo hagan. Vienen tan duras como las que pasan los jienenses. Y ante eso, el alcalde dicen que prefiere dejar de serlo y busca salidas. Da igual si lo hace o no, porque los rumores ya claman. ¿En qué se ha convertido esto, en un juego político para engordar el curriculum con cargos y la cuenta corriente con muchos ceros?

Universos paralelos


La búsqueda de un modelo unificado, que explicara, tras la teoría cuántica de la gravedad, no sólo cómo nació el universo, sino qué había antes y cómo se generó el ‘big-bang’, ha llevado a los científicos durante las últimas décadas a desarrollar un nuevo modelo, el de los universos paralelos. Es decir, la posibilidad de que existan varios universos o realidades independientes: otro planeta tierra donde Marilyn Monroe habría muerto muy viejecita o donde al comprar yogures de varios sabores podrías elegir algún paquete que no tuviera frutas del bosque.

No puedo evitar imaginarme otro universo paralelo en el que (al margen de algunos retoques de chapa y pintura para un servidor) Jaén fuera una provincia próspera donde dos importantes focos industriales y estratégicos, como Linares y La Carolina, compitieran en logística con otros focos del país; donde cada año, millones de turistas llegaran a algunos de nuestros cuatro parques naturales, visitaran fortificaciones como la de Baños de la Encina (de las pocas milenarias que quedan en Europa) o la de Segura de la Sierra; pasearan por Úbeda y Baeza, visitaran la Catedral de Jaén (ya declarada también Patrimonio Mundial) y disfrutaran del mayor legado mundial de la cultura ibera en el Museo de Arte Ibero. Como tampoco puedo evitar imaginar ese Jaén paralelo mandando en el mercado del aceite de oliva con precios que permitieran a los agricultores dejar de mirar de reojo a Europa y sus políticas de migajas lisonjeras.

Sería gratificante, ilusionante, merecido, justo y necesario, una ciudad, aunque fuera en un universo paralelo, con políticos honrados, más preocupados por el bien común de sus vecinos y de Jaén que de alcanzar y mantener sueldos de 5.000 o 6.000 euros a costa de lo que fuere. Una ciudad en la que los plenos de su Ayuntamiento no fueran un espectáculo bochornoso, desde quien los  preside hasta el último de los ediles. Una ciudad con políticos que alguna vez hubieran sentido la curiosidad de abrir uno de los libros que compraban al Círculo de Lectores, con subdelegados, delegados, diputados y concejales que fueran capaces de poner delante su tierra y su ciudad a los intereses de sus partidos. Una derecha que repudiara a los fascistas que aún alberga en sus filas y una izquiera que dejara de creerse moralmente superior a la derecha. Y de paso, si puede ser, hombre, ya que estamos y que se trata de un universo paralelo, ¡la virgen! un poquito menos de calor en verano.

Con la frente marchita


Nunca creí que llegara a sentir aquello que tantas veces escuché en mi infancia, en mi juventud. Nunca creí que las tristes historias de quienes en los años sesenta cogieron su maleta repleta de miedo, rabia, desencanto y resignación para poner fin a la hambruna que desde una década antes asolaba las casas de esta tierra, podrían repetirse una vez más. Y mucho menos, que tuviera que escuchar el lamento acompasado, casi febril, del que se ve obligado a dejar su casa, su familia, sus amigos y su tierra. En un mes, cuatro pequeñas partes de mi corazón (amigos, casi familia) han decidido poner rumbo a otros países en busca de trabajo para poder vivir. No para prosperar profesionalmente. No para mejorar el idioma. Mucho menos para cambiar de aires y conocer otros lugares, otras culturas, ávidos de experiencias enriquecedoras antes de asentar su devenir en la tierra que les vio nacer. Se van a ir para poder vivir, para poder comer, para poner crear una familia o para sustentar a sus hijos.

  Y no hay nada más triste que ser expulsado de tu tierra contra tu voluntad, sin saber siquiera si tu destino será acertado, si encontrarás lo que aquí te niegan los lameculos profesionales e indignos de la política patria, mientras aflojan cada día un punto más de su cinturón porque van a reventar henchidos de soberbia y miseria moral. ¡Qué razón lleva mi querido amigo Jose, cuando afirma que se acabó la clase media, que ya han vuelto a ponernos en nuestro sitio para mantener su opulencia! Fuimos clase media mientras servimos a los poderosos. Ahora hibernan mientras volvemos a nuestra miseria, para después volver a florecer en la usura.

Sé que son muchos más, que cada día cientos de españoles toman la decisión de abandonar su hogar. Pero a mí me duelen estos cuatro. A vosotros os dolerán otros. Y finalmente, no seremos (otra vez), más que un pueblo dolido de ausentes, un país de ausencias y tristezas. Quieres gritar, armar tu rabia con cañones, obuses y misiles, pero hay días, meses, años, décadas, en que la tristeza y la pena no te dejan batallar. Nunca hubo un David que abatiera a Goliath. Marcharán pues, soñando cada noche con el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando su retorno. Y tú serás el siguiente y yo seré el próximo. Y tal vez volvamos, pero con la frente marchita y  las nieves del tiempo plateando la sien.

Sólo a veces, cuando la tristeza desdibuja el presente, no ha lugar para la lucha, para la rebeldía, para la contestación. Sólo para el llanto. Pero sólo a veces.